En Tafí del Valle, Julio Santillán está juntando fuerzas para comenzar lo que será un año intenso y movido, dentro y fuera del país. El premiado músico tucumano ya tiene agendada una inminente gira por Rumania con Analía Selis en voz y Mariano Castro al piano; el final de la producción de un disco de la española Tatiana y, en marzo, la realización de un nuevo álbum de Mica Flores en la Capital Federal, donde tanto ella como él están radicados.
Y en medio de toda esa grilla, se dará tiempo para, esta noche, desde las 21, estar como solista en CiTá Abasto de Cultura (La Madrid 1.457) con un repertorio folclórico en guitarra -de “composiciones propias, la mitad instrumentales y la mitad cantada, con chacareras, zambas, carnavalitos, gatos y triunfos”, avisa- e invitados especiales como Ana Quinteros Orio. Y el próximo viernes se despedirá de la provincia en La Solariega de Tafí del Valle.
- ¿Qué te interesa lograr en cada recital?
- Que la gente se conecte con la emoción. Yo suelo explicar la historia detrás de cada tema. Intento transmitir lo que me llevó a componer esa obra.
- ¿Cuál es el lugar que ocupa el folclore en tu obra?
- Es el foco que ilumina el trayecto de mi búsqueda. Es la primera música que escuché y aprendí de chico con mi padre. Igor Stravinsky decía que, para ser creativo, necesitaba un marco restringido de acción. Entonces, el folclore vendría a ser mi marco.
- ¿Y que es Tafí del Valle?
- Es un lugar muy especial para mi. Vengo desde chico y ahora que tengo mi casita, paso los veranos alternando la jardinería -mi segunda pasión- con la música. Durante la pandemia me tocó pasar todo un año aquí en los valles. En ese período aproveché para componer la música de “Duelo”, el último disco del septeto que fue galardonado en 2025 con el Premio Mercedes Sosa de Oro. Sin duda que en Tafí tengo un contexto favorable para conectarme con la creatividad.
- ¿Existe una renovación en el género folclórico?
- Claro, siempre la hubo. Atahualpa Yupanqui fue un renovador. Lo que hoy se considera tradición, en su momento fue una ruptura de lo que había. El folclore es orgánico, no es estático.
- ¿Cómo estás dialogando con otros ritmos, en base a tu experiencia con el jazz?
- A mí me gusta la buena música. Elementos característicos de otros géneros, como la improvisación o la armonía en el jazz, pueden convivir perfectamente dentro de una zamba.
- ¿Qué más se viene en 2026?
- Suelo tocar y grabar solo mis composiciones. Sin embargo, estoy pensando en hacer un álbum con arreglos de obras tradicionales, como “La nochera”. También tengo pensado hacer una edición digital de mis libros “Cinco Estudios Criollos” y estoy sacando -de vez en cuando- singles con colaboraciones especiales: hace un par de años lancé “Parada” junto a Sandra Mihanovich y el cellista Clement Sill; y en 2025 “Barriletes Mensajeros” junto a Marta Gómez y el acordeonista Tati Grandolio. Para este año tengo algunas ideas…
- ¿Qué vas a hacer en Europa?
- Con Ana y Mariano, el año pasado hicimos una gira de 24 conciertos con un repertorio de tango y de folclore, tocando con seis orquestas sinfónicas de distintas ciudades. Como nos fue muy bien, se va a repetir ahora. Además voy a tocar como solista en Barcelona y Gibraltar. Por otro lado, me encuentro trabajando en el disco de Tatiana, una cantautora canaria, con 10 canciones a las que le hice los arreglos, grabé en mi estudio varios instrumentos (guitarra, percusión, bajo, charango, piano y voces), y después invité a importantes músicos como Juan Cruz Urquiza (trompeta), Ramiro Flores (saxo), Luiza Anastasio (violín), Axel Juárez (trombón), Fabián Sapo Miodownik (batería) y Mauro Ciavattini (vientos andinos) a que participen.
- A todo eso le sumás la docencia...
- Doy clases particulares y también soy profesor en la Universidad Nacional de San Martín, donde tengo a mi cargo tres materias: Espacio Creativo de Folclore, Ensamble de Folclore y Armonía dentro de la Licenciatura de Música Argentina.
- ¿Qué les atrae aprender a tus alumnos?
- Sin duda se aprende más como profesor que como alumno. Mi relación es muy buena, pero más que estudiantes estoy rodeado de colegas con los cuales intercambio todo tipo de conocimientos. El aprendizaje se da más que nada por el entorno, por las charlas en los pasillos, las peñas y los asados que ellos mismos organizan. La Unsam es un lugar maravilloso. Estamos viviendo momentos complicados, pero tengo la esperanza de que podamos mantener este espacio tan importante para la cultura de nuestro país.